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Sudán del Sur: ayuda al país devastado por fuertes lluvias e inundaciones

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El pasado mes de octubre, el Papa Francisco, a través del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, envió 75.000 dólares a las personas afectadas por las inundaciones en la diócesis de Malakal, en Sudán del Sur. A esta contribución se suma otra de 30.000 dólares enviada recientemente por el Limosnero de Su Santidad, el cardenal Konrad Krajewski, para expresar la cercanía del Papa en una grave emergencia humanitaria.

Esta cercanía se materializó en la fiesta de la Inmaculada Concepción, cuando el obispo, monseñor Stephen Nyodho Ador Majwok, acompañado por el encargado de negocios de la Nunciatura, monseñor Ionut Paul Strejac, llevó a la población damnificada una palabra de consuelo en forma de oración y diversos bienes de urgente necesidad, como lonas de plástico, mantas, colchonetas y tiendas de campaña.

En Bentiu se encuentra el mayor campo de desplazados del país. Más de 120.000 personas han encontrado refugio bajo los auspicios de la ONU desde la guerra civil de 2013. Ahora, mientras intentaban regresar a su tierra, se vieron obligados a permanecer en el campo de desplazados internos. Además, desde agosto han llegado 50.000 personas más a causa de las inundaciones que han anegado gran parte de los estados de Unity, Alto Nilo y Jongley.

El país se vio afectado por fuertes lluvias e inundaciones devastadoras el pasado agosto. La catástrofe ha desplazado a más de 12.000 personas, con unas 6.000 viviendas dañadas o destruidas y considerables daños materiales, especialmente en la agricultura, una de las principales actividades de la población. En los últimos días, Médicos Sin Fronteras ha dado la voz de alarma sobre el empeoramiento de las condiciones sanitarias de la población debido a la falta de agua potable y la escasez de alimentos.

Save the Children también informó sobre la situación de los niños del país, señalando que el hambre ha obligado a muchos de ellos a abandonar la escuela, poniendo a las niñas en riesgo de matrimonio precoz y explotación sexual, y obligando a algunos jóvenes a delinquir. Además, Sudán del Sur, el estado más joven del mundo, está sumido en una grave crisis política que dura ya años y para la que parece difícil encontrar una solución inmediata.

Un reciente informe de las Naciones Unidas ha sacado a la luz numerosos episodios de corrupción, con millones de dólares que fluyen de las arcas del Estado a las de decenas de dirigentes políticos, militares y empresarios.

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