Obras Misionales Pontificias

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La pandemia del COVID-19 extendió su sombra hasta llegar al continente americano y a África, donde en algunas zonas pobres —que para la Iglesia son tierras de misión—, la escasez de medios unida al coronavirus podría crear situaciones muy difíciles.

Por eso, el Papa Francisco decidió ayudar a las personas que viven en estas zonas creando un Fondo de Emergencia gestionado por las  Obras Misionales Pontificias. La contribución inicial del Santo Padre a este fondo fue de 750.000 dólares. Para saber más, clique aquí

 

Ya han sido asignadas ayudas de este Fondo para las necesidades más urgentes de algunas diócesis de África, Asia y América Latina:

 

En Sudáfrica, diversas diócesis han pedido y obtenido ayuda del Fondo de Emergencia de las Obras Misionales Pontificias para el COVID-19. Las primeras peticiones se refieren a la gestión de la crisis humanitaria: las personas padecen hambre porque están obligadas a permanecer en casa y los paquetes gubernativos de productos alimenticios tardan en llegar. Otras informaciones aquí.

 

En Marruecos, el Fondo de las OMP ha garantizado el sustentamiento de la pequeña comunidad de Clarisas del monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Casablanca (archidiócesis de Rabat). Esta comunidad, de origen mexicano, se mantiene normalmente mediante la producción de hostias para las celebraciones eucarísticas y productos alimenticios como mermeladas. La cuarentena ha llevado a la suspensión de la demanda de los productos de las religiosas, de modo que se han visto en grave dificultad para subsistir. La ayuda del Fondo de emergencia COVID-19 permite a la comunidad de Clarisas atravesar estos tiempos difíciles. Más información aquí

 

En Paquistán se ha asignado un subsidio a todas las diócesis para la asistencia a las comunidades cristianas más pobres y vulnerables. De hecho, la mayor parte de estas personas vive habitualmente bajo el umbral de pobreza, y con el aislamiento no han podido procurarse lo mínimo para subsistir. La necesidad fundamental más urgente son los alimentos.

 

Dacca, capital de Bangladés, tiene una altísima concentración de población, que incluye a los numerosos migrantes que van a la ciudad buscando trabajo doméstico a jornada. Con la cuarentena declarada por el Gobierno, la mayoría de estas personas se encuentra sin trabajo y sin posibilidad de satisfacer las necesidades básicas: una situación dramática.

 

También el Vicariato apostólico de Puerto Gaitán, en Colombia, está viviendo una situación especialmente difícil a causa de la cuarentena: la Iglesia no puede ni siquiera asegurar el sustentamiento de los sacerdotes.

 

En Liberia, en la diócesis de Cape Palmas, las ayudas enviadas servirán para garantizar apoyo a los operadores pastorales que, en la cuarentena, no pueden ganarse la vida. En la diócesis liberiana de Gbarnga se han detectado dos necesidades pastorales a las que serán destinadas las ayudas del Fondo: el sustentamiento de párrocos y catequistas, y la realización de programas radiofónicos que, a través de la radio diocesana, informan sobre el coronavirus.

 

En la diócesis de Francistown, en Botswana, zona de primera evangelización, las ayudas enviadas se utilizan para asegurar el funcionamiento de la secretaría diocesana y de las oficinas pastorales, así como para asegurar la actividad pastoral en seis parroquias de las zonas rurales.

Más información aquí.

 

La diócesis de Santo Tomé y Príncipe vive habitualmente en una situación de gran pobreza, agravada aún más por la pandemia de COVID-19. La suspensión de las Misas con la participación de los fieles ha obligado a recurrir a la televisión y a la radio para trasmitir celebraciones y momentos de oración, lo que conlleva importantes esfuerzos económicos para la Iglesia local, que no consigue cubrir los gastos.

 

La diócesis de Kenema, en Sierra Leona, comprende una zona prevalentemente rural, donde la mayor parte de la población depende de la agricultura de subsistencia. El paro afecta al 70% de la población. La situación de sacerdotes y comunidades religiosas también es grave.

 

La mayor parte de los habitantes de la diócesis de Sarh, en la República del Chad, basa su subsistencia en la agricultura. Mediante programas radiofónicos, la Iglesia informa sobre el coronavirus y sobre las normas de precaución a seguir. Las ayudas para la Caritas diocesana son urgentes, a fin de que pueda comprar cereales y ayudar a los sacerdotes y a las comunidades religiosas que en esta situación carecen de cualquier medio de vida.

 

La diócesis de Kankan, en Guinea, que ya vive una situación económica muy difícil, ve con especial inquietud las consecuencias de la pandemia. Las normas emanadas para combatir la pandemia han provocado un aumento de los precios de los productos alimenticios, mientras que el cierre de las iglesias y el cese de las actividades pastorales han puesto en peligro la vida de fe.

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