En este momento de tribulación, confiémonos al Santo Padre y sostengámoslo en su misión

En un año tan difícil como el corriente, es aún más necesario que todos nosotros demos un signo concreto de pertenencia a la Iglesia y de amor al Papa como símbolo de su unidad. De este modo, incluso la más pequeña oferta contribuirá a sostener al Papa Francisco en sus actividades de magisterio, de guía de la Iglesia universal y de caridad.

Gracias a las donaciones de todos será posible también realizar aquellos proyectos que llevan concretamente la cercanía del Papa Francisco a cuantos sufren a causa de la pandemia. Esta crisis ha puesto de manifiesto la necesidad de un cambio; a la hora de afrontar las consecuencias del coronavirus, la Iglesia está en primera línea en todo el mundo, aportando asistencia humanitaria y sanitaria a través de las Iglesias locales, buscando nuevos caminos para llevar a todas partes el consuelo de la Palabra de Dios.

¿Cómo hacer llegar nuestra aportación al Santo Padre?

Este año, a causa de la situación de emergencia sanitaria, la tradicional COLECTA PARA EL ÓBOLO DE SAN PEDRO tendrá lugar el DOMINGO XXVII del tiempo ordinario, 4 de octubre, día dedicado a San Francisco de Asís. Pero es posible donar en cualquier momento del año de un modo simple:


OBOLO DE SAN PEDRO

La participación concreta, también económica, en la misión universal del Santo Padre ha tomado formas diversas a lo largo de la historia, a través de colectas y donaciones de fieles individuales o de las Iglesias locales.

El criterio general en el que se basa la práctica del Óbolo se inspira en la Iglesia primitiva: “La base primaria para el sostenimiento de la Sede Apostólica debe estar representada por los donativos que espontáneamente hacen los católicos de todo el mundo, y eventualmente también otros hombres de buena voluntad. Esto responde a la tradición que tiene origen en el Evangelio ( Lc 10, 7) y en las enseñanzas de los Apóstoles ( 1 Cor 11, 14)” (Carta de Juan Pablo II al Cardenal Secretario de Estado, 20 de noviembre de 1982)

Las finalidades del Óbolo

El Óbolo de San Pedro, en el significado mismo de las palabras, representa una ofrenda que puede ser de pequeña entidad, pero que posee una amplia visión y perspectiva. De hecho, no solo tiene un valor práctico, sino también fuertemente simbólico: representa un signo concreto de comunión con el Papa, por lo que se puede afirmar que es una manifestación de sentido de pertenencia a la Iglesia y de amor a su Cabeza visible.

La contribución del Óbolo al Papa para el ejercicio de su misión universal se manifiesta de dos formas: la financiación de las actividades de servicio desarrolladas por la Curia (por ejemplo: formación del clero, comunicación, promoción del desarrollo humano integral, de la educación, la justicia, etc.); y la financiación de las numerosas obras de asistencia material directa a los más necesitados.

El Óbolo tiene, por tanto, una doble finalidad: 1) Sostener la misión universal del Sucesor de San Pedro, quien para llevarla a cabo se sirve de un conjunto de organismos -que toman el nombre de Curia Romana (cf. cc. 360-361 CIC)- y de más de cien Representaciones pontificias dispersas por todo el mundo (cf. cc. 362ss. CIC).  2) Apoyar las obras de caridad del Papa a favor de los más necesitados.

El uso de los ingresos

Las ofertas de los fieles se destinan al apoyo de las actividades del Santo Padre en favor de toda la Iglesia Universal. Dichas actividades son las que realiza la Santa Sede. El Papa, como Pastor de toda la Iglesia, se preocupa tanto de las necesidades de evangelización (espirituales, educativas, de justicia, de comunicación, de caridad política, de actividad diplomática…) como de las necesidades materiales de diócesis pobres, institutos religiosos y fieles en grave dificultad (pobres, niños, ancianos, marginados, víctimas de las guerras y de los desastres naturales, educación católica, ayuda a prófugos y migrantes, ayudas especiales a diócesis en situación de necesidad, etc.)

Cada servicio que presta la Santa Sede está destinado a toda la Iglesia Universal y es posible gracias al Óbolo, que garantiza la actividad de los Dicasterios que asisten cada día al Papa en el ejercicio de su ministerio. Para vigilar sobre la máxima eficiencia de la Curia y sobre el empleo de las ayudas recibidas, en estos últimos años se ha puesto en marcha un proceso de reorganización de los Dicasterios orientado a reducir al máximo los gastos de funcionamiento interno en favor de los destinados a finalidades asistenciales y misioneras.

La contribución según el can. 1271 CIC

El can.  1271 CIC se refiere a los Obispos, quienes, en razón de su vínculo de unidad con el Sucesor de San Pedro y según las posibilidades de sus Diócesis, están también llamados a procurar a la Sede Apostólica los medios que necesita para servir a la Iglesia Universal. A diferencia del Óbolo de San Pedro, la contribución prevista por este canon no tiene una finalidad caritativa, sino que está destinada exclusivamente a las actividades institucionales de la Santa Sede.